viernes, 19 de diciembre de 2008

Sabor latino y salsa


«La salsa es música cubana con otro nombre: es mambo, cha-cha-cha, rumba, son... todos los ritmos cubanos bajo un solo nombre»

Celia Cruz

Los especialistas describen a la salsa como no como un ritmo, sino como el nombre que agrupa una serie de ritmos tropicales de Cuba y el Caribe.

Pero más allá de esos tecnicalismos, la salsa es una cédula de identidad para los latinos, es lo que marca nuestra forma de movernos y festejar la vida.

Es un ritmo que ha estado presente en la fiesta y farras de nuestros abuelos, de nuestros padr4es y las nuestras. Es un clásico en los matrimonios y contiene la dosis justa de sabor y picardía que contiene también nuestra sangre.

Desde que nacemos prácticamente escuchamos esta música y miramos a nuestra familia mover sus cuerpos al ritmo de ésta. Por eso es que cuando las maracas y las trompetas empiezan a sonar nuestros cuerpos solos se mueven y es para nosotros tan fácil bailar salsa.

Es el ritmo en el que coinciden varias generaciones. Puedes bailar salsa con tu abulit@, ti@ y tus padres.El mundo se enamoró de la salsa. Por eso tanto en Estados Unidos, como en Europa y Asia se encuentran tantas academias de baile. Los no latinos pueden aprender tal vez los pasos, y llegar a bailar algo de salsa, pero no pueden aprender el sabor único con el que los latinos meneamos las caderas al ritmo de la salsa.

jueves, 18 de diciembre de 2008

El mágico realismo de los latinos



En el arte está representado no solo un pueblo sino una identidad.
Hablando de Latinoamérica, en nuestra literatura, hay tanto de nosotros, de nuestras costumbres, de nuestros mitos, de nuestra historia y de nuestro fuego.

Existe una corriente literaria en particular que nos refleja tan fielmente que a través de ella hemos enamorado al mundo: el realismo mágico.

Si queremos ponernos técnicos esta corriente se caracteriza por mostrar una realidad pero alterada. Un ejemplo perfecto es el caso del libro “La casa de los espíritus” de Isabel Allende.


En esta obra se cuenta la historia de chile desde la subida de Salvador Alllende al poder, hasta el derrocamiento de la dictadura de Pinochet, pero todo esto lo hace a través de la historia de una familia, una familia en la que la relación de los vivos y los muertos trasciende las fronteras de las dimensiones y cae en la magia de la clarividencia y los mitos latinos.

el luto latino

Un día nacemos, a partir de ahí nuestra vida se constituye en una maraña de relaciones y experiencias en la que cada paso nos hace quien somos.

Así vivimos tratando de mirar al frente y buscando que el mañana sea mejor que hoy. Poco a poco alcanzamos metas y nos fijamos unas nuevas más duras. Hasta que un buen día partimos. Dejamos este mundo por quien sabe qué cosa.

Y dejamos atrás nuestro una serie de personas a quien amamos y que nos aman. Dudo que el dolor de perder a alguien a quien amas sea distinto para los gringos, que para los europeos o los latinos. Lo que sí es distinto, es nuestra manera de despedirnos y el ritual de despedida constituye una parte importantísima de nuestra identidad, porque depende básicamente de cómo vemos a la muerte.

Los egipcios momificaban a sus muertos, los habitantes prehistóricos de América los enterraban con comida y sus mujeres. En muchas ciudades está de moda la cremación. En Estados Unidos se hace un memorial donde la gente que los conocía habla de ellos.En América Latina es distinto.

Nuestra forma de llorar a nuestros seres queridos es única e intensa. Para empezar nos gusta contemplar sus cuerpos desde que mueren hasta el momento de enterrarlos. Luego celebramos por ellos una misa para pedir a Dios que su vida después de esta sea plena y llena de felicidad y finalmente enterramos sus cuerpos y llenamos de flores su alrededor. Las personas más cercanas a ellos muestran su dolor al vestirse de negro por una época determinada. A esto llamamos luto. Algunos incluso visten de negro por el resto de sus vidas.

jueves, 11 de diciembre de 2008

No es lo mismo ni es igual


Dicen que los latinos somos más cariñosos. Abrazamos, besamos, nos tocamos y eso sin contar los diminutivos que usamos en cada oración que pronunciamos.

Nos gustan los detalles y los tratos tiernos “mi vida”, “mi amor”, “ precios@”, hermos@” y así puedo seguir indefinidamente nombrando adjetivos con los cuales solemos reemplazar los nombres de la gente que nos rodea.

Así somos. Y es tan cierto como que la lluvia moja.

Pocos son los fríos; por naturaleza o costumbre somos cálidos.

Pero ¿se han preguntado algún rato de donde viene todo esto? O sea yo lo aprendí de mi mama, mi abuela, etc. Tú probablemente lo aprendiste de las tuyas y cuando nos conocemos y nos encontramos, simplemente reconocemos él uno en el otro esas características y por alguna razón no descifrada ( o tal vez sí) algo salta de satisfacción adentro nuestro.

¿Saben que pasa en eso momento? Nos sentimos identificados y reconocemos en otros, parte de algo que forma muy profundamente nuestra propia identidad.

De esa misma manera cuando encontramos una persona no cariñosa y “fría” algo adentro nos choca y a través de eso descubrimos que somos como somos, a través de la desazón que produce en nosotros el saber que hay gente diferente, sabemos la emoción que nos produce encontrar gente parecida.